9.28.2017

LA LIBERTAD DE LAS MUJERES EN EL ANTIGUO EGIPTO



EL ANTIGUO EGIPTO LLEVA APASIONANDO A ERUDITOS Y PROFANOS DESDE HACE SIGLOS. SUS FARAONES, LAS IMPONENTES PIRÁMIDES, LOS INFINITOS JEROGLÍFICOS Y LAS TUMBAS ESCONDIDAS CONTINÚAN ATRAYENDO LA ATENCIÓN DE MILES DE PERSONAS. EGIPTO FUE UN IMPERIO QUE SE MANTUVO VIVO DURANTE SIGLOS. ANTE LAS SINGULARIDADES ARTÍSTICAS, RELIGIOSAS, ARQUITECTÓNICAS, LA CIVILIZACIÓN EGIPCIA ESCONDE TAMBIÉN UNA DIFERENCIA IMPORTANTE EN LO QUE A LAS MUJERES SE REFIERE. MIENTRAS QUE OTROS PUEBLOS VECINOS EMPEZABAN A DEFINIR ESTRUCTURAS SOCIALES BASADAS MARCADAMENTE EN EL PATRIARCADO, LAS LEYES EGIPCIAS PERMITIERON CIERTAS LIBERTADES JURÍDICAS A LAS MUJERES.

LA SITUACIÓN EXCEPCIONAL DE LAS MUJERES EGIPCIAS RESPECTO A LAS DEMÁS CIVILIZACIONES ANTERIORES Y COETÁNEAS PODRÍA TENER SU ORIGEN EN SU PANTEÓN RELIGIOSO.

Egipto fue original porque definió unas creencias basadas en la igualdad de ambos géneros. En esencia, la mitología egipcia explicaba el origen de la vida a partir de Atum, un dios que era a la vez potencia femenina y masculina. Este dios fue quien creó la dualidad divina de Shu (viento) y Tefnut (humedad), quienes a su vez originarían la dualidad de Gueb (tierra) y Nut (cielo). Estos serían los padres de la tetrarquía divina formada por Osiris, Seth, Isis y Neftis.

El relato de la mitología egipcia continuaba con la unión entre Osiris e Isis, la primera pareja real. Fue Isis una de las diosas más poderosas del Antiguo Egipto que llegaría incluso a traspasar las fronteras de su propia civilización. Isis, al salvar a su hijo Horus de la amenaza de Seth, se convirtió en la gran diosamadre.

El respeto que la sociedad egipcia demostró hacia esta deidad podría explicar la excepcional independencia que tuvieron las mujeres en Egipto. Y cuando Horus se erigió como rey de Egipto, Isis se convirtió en la legitimadora del poder de su propio hijo. Algo que se repetiría a lo largo de todas las dinastías que reinaron en Egipto.

LA MUJER EN LA FAMILIA

Es muy probable, como nos explica Guy Robins en su estudio Las mujeres en el Antiguo Egipto, que la familia nuclear formada por hombre, mujer e hijos fuera la base organizativa de la sociedad egipcia, siendo la poligamia un modelo excepcional y reservado en la mayoría de los casos a la familia real.

La construcción de estas células familiares no pasaba necesariamente por un vínculo legal, ni tan sólo ritual. El hombre tomaba a su hemet (esposa), a la que se consideraba unida desde el momento en que esta entraba en su hogar y se convertía en la “señora de la casa”.

Es a partir del siglo VII a.C., aproximadamente, que empiezan a aparecer testimonos escritos de contratos de matrimonio, pero estos no eran de naturaleza estrictamente legal, sino que más bien establecían las condiciones económicas para que el hombre tomara como hemet a una mujer. El futuro marido negociaba con el padre de la novia los bienes que aportaría esta a la unión y establecía unas cláusulas que la protegían en caso de abandono o divorcio.

El matrimonio era, en definitiva, un acto voluntario. Las mujeres no se veían obligadas por sus progenitores a casarse y la sociedad defendía el respeto hacia la esposa.

De la misma manera que el matrimonio no tenía base legal, tampoco la encontramos en el divorcio, que podía ser tomado en consideración tanto por parte de los hombres como de las mujeres. Tampoco hay indicios de que estuviera mal visto que una mujer volviera a casarse después de haberse divorciado de su primer marido.

Uno de los aspectos que sí diferenciaba a hombres y mujeres era el adulterio, pues mientras que los hombres podían mantener relaciones extraconyugales, las mujeres debían mantenerse fiel al marido para garantizar la legitimidad de los hijos nacidos en el seno de la familia. Aun así, cuando una mujer casada quedaba embarazada fruto de una relación extraconyugal, el hijo nacido de la misma no se consideraba ilegítimo, concepto que no existió como tal en la sociedad egipcia. Ese niño o niña se consideraba hijo legítimo de su madre y, aunque quedara al margen de las herencias patrimoniales del matrimonio, podía verse beneficiado de los bienes propiedad exclusiva de la madre.

LOS ROLES DE LA MUJER

La mujer tenía varios roles principales dentro del hogar. La hemet era, por encima de todo, “señora de la casa” (nebet per), título que se atribuía a las mujeres de las élites, pero cuya naturaleza podemos extrapolar también a las mujeres de clases más bajas.

Las actividades dentro del hogar eran más o menos extensas dependiendo del estatus social. Si la familia tenía recursos suficientes para disponer de sirvientes, estos eran responsabilidad de la nebet per. Si las señoras de la casa eran mujeres de la alta sociedad, eran las que dirigían las tareas domésticas mientras que si eran mujeres de clases menos acomodadas, eran ellas mismas las que las ejecutaban. Estas tareas se centraban en la producción de alimentos, la gestión de la cocina y la manufactura textil.

En el caso de las grandes mansiones aristocráticas, las mujeres tenían también la responsabilidad de conseguir beneficios de los excedentes de la producción dentro del hogar, habiéndose encontrado testimonios de transacciones comerciales realizadas por mujeres.

EL PODER DE LA MATERNIDAD

El principal objetivo de las mujeres dentro del matrimonio era la maternidad. La mujer debía perpetuar y legitimar la estirpe familiar teniendo el mayor número de hijos posible. La esterilidad podría haber sido en algunos caso razón más que suficiente para pedir el divorcio. Dada la importancia de engendrar, las mujeres ponían su destino en manos de diosas como Isis, la madre por antonomasia, o Hathor, la diosa de la fertilidad.

La maternidad dibujó alrededor de las mujeres un universo propio, no sólo identificado por algunas diosas específicas que protegían a las futuras madres de cualquier peligro, sino por el poder que les otorgaba dentro de la sociedad el hecho de poder ser madres.

En algunos vestigios arqueológicos se han encontrado construcciones erigidas al lado de los hogares en las que las mujeres se aislaban del mundo y se preparaban para el parto. Rodeadas de sirvientas y otras mujeres de la familia, las parturientas daban a luz en un entorno exclusivamente femenino, y era allí donde amamantaban por primera vez a sus hijos y recibían los distintos ritos de purificación antes de volver a reencontrarse con la comunidad.

Asimismo, la lactancia materna solía prolongarse hasta los tres años. Y entre las clases nobles y la realeza prevalecía la presencia de las nodrizas, símbolo de prestigio y superioridad social.

DERECHOS LEGALES DE LAS MUJERES

Las mujeres en el Antiguo Egipto eran consideradas iguales que los hombres ante la Ley. Las egipcias ya fueran esposas, viudas o solteras, tenían derecho a gestionar sus propios bienes y propiedades. De la misma manera, tenían igual derecho que los hombres a heredar de sus progenitores y gestionar dicha herencia como ellas quisieran.

Además, las mujeres tenían el mismo derecho que los hombres a participar en litigios judiciales como querellantes o testigos. Y, por supuesto, como culpables, pues, si eran iguales ante la ley para lo bueno, también se las trataba igual que los hombres a la hora de ser castigadas.

La necesidad de un tutor legal masculino que protegiera o representara legalmente a las mujeres no existía en Egipto. De manera que podemos encontrar a mujeres egipcias que, al poseer riquezas y ser libres ante la ley llegaron a ser independientes.

EN LOS TEMPLOS

En los templos, las mujeres también ejercieron papeles activos como sacerdotisas, aunque en la mayoría de las veces lo eran de diosas y en raras ocasiones ofrecían sus servicios a deidades masculinas.

Asimismo, no está claro si las sacerdotisas ejercían sus tareas en igualdad de condiciones que sus homónimos masculinos. Sin embargo, se sabe con certeza que estos últimos superaban a las sacerdotisas en número y que, con la llegada de la Dinastía XVIII, desaparecieron los testimonios arqueológicos que demostraban la existencia de mujeres sacerdotisas.

Aun así es posible afirmar que las mujeres ejercían en el templo, aunque no fuera como sacerdotisas, un cierto papel destacado. Y es que estas también podían ser esposas de los sacerdotes, las cuales llevaban a cabo tareas de instrumentistas en los ritos que dirigían sus maridos.

La igualdad ante la Ley fue un hecho en el Antiguo Egipto, pero no fue suficiente para la plena emancipación de la mujer. Deberían pasar muchos siglos aún para lograr una verdadera igualdad. Sin embargo, la excepcional situación de la que gozó la mujer en Egipto fue realmente única en su tiempo. Una situación que, por desgracia, sería gradualmente borrada a causa de la influencia de otras sociedades invasoras, como Grecia y Roma, que tenían una visión legal, social y mítica de la mujer muy distinta de la egipcia. Fue precisamente con la incursión en tierras egipcias del poder griego y romano con sus leyes poco favorables a las mujeres, que su situación legal se vio relegada
a un segundo plano y a una situación de dependencia legal y económica de los hombres.

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MUJERES EMPRESARIAS

A PESAR DE QUE EL ROL DE ESPOSA Y MADRE ERA EL PRINCIPAL EN LA SOCIEDAD EGIPCIA, EXISTIERON MUJERES QUE EJERCIERON COMO EMPRESARIAS, COMERCIANTES O DOCTORAS. 

Donde no tenían cabida era en el engranaje de la burocracia egipcia. Los escribas eran hombres, pues eran los hombres los únicos que tenían acceso a las escuelas mientras que las niñas recibían, si es que tenían suerte, una rudimentaria educación en el hogar. No sabemos si las mujeres sabían leer y escribir y no existe ningún documento que se pueda atestiguar como escrito por una mujer egipcia. Tampoco existen testimonios gráficos relieves ni escenas pintadas de mujeres escribiendo mientas que los escribas fueron inmortalizados en muchas ocasiones. Lo que está claro es que, si algunas plumas femeninas produjeron algún tipo de documento literario, aún no se ha descubierto.

Eruditas o analfabetas, muchas mujeres salieron de sus hogares para ganarse la vida como nodrizas, camareras, peluqueras, moledoras de grano, hilanderas. También existen pruebas que demuestran que algunas mujeres.

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LAS REINAS DE EGIPTO

LAS MUJERES DE LA REALEZA SE CONVIRTIERON EN GARANTES DE LA LEGITIMIDAD DE TODOS LOS FARAONES EGIPCIOS. 

La egiptóloga Teresa Benman, en su exhaustivo estudio "Las Reinas de Egipto. El Secreto del Poder", afirmó con rotundidad que “las reinas egipcias, o las mujeres que estuvieron muy cerca de los reyes, aunque no llevasen aquel título, fueron las verdaderas depositarias del poder, pues ellas daban por vía del nacimiento la legitimidad necesaria al príncipe –futuro rey– para poder sentarse en el trono”.

Las mujeres pertenecientes a la familia real, tenían un rol definido siempre en relación al faraón. Eran madres, esposas o hermanas que jugaban un papel determinante en los ritos dinásticos. Fueron ellas las depositarias del poder al ser quienes daban la legitimidad necesaria al futuro soberano.

La explicación oficial de la importancia que tuvieron las mujeres en la realeza se basaba en que el heredero real era fruto de la unión entre su madre y el dios Amón quien daría al futuro soberano la naturaleza divina. Para que la dinastía se extendiera en el tiempo, era necesario que el nuevo rey desposara a su vez con una “hija de rey” y de una de sus esposas reales. En este punto hay que recordar que la realeza egipcia era polígama, por lo que alrededor de la figura del faraón vivian esposas, hermanas e hijas que llevaban en sus venas la sangre de la dinastía.

Algunas de aquellas mujeres de la realeza llegaron incluso a ostentar por sí solas el poder. De alrededor de doscientos faraones, fueron apenas un puñado las mujeres que se alzaron como soberanas de pleno derecho. Nombres como Meryt-Neith, Anj-en-es Mery-Ra II, Nitokris, la polémica Hatshepsut, o la archiconocida Cleopatra, se sitúan al frente de la realeza egipcia en algunos perIodos clave de su historia.

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MUJERES SOLTERAS

La familia formada por marido, mujer e hijos acogía en su seno a mujeres que habían quedado al margen de dicha estructura básica: hermanas de ambos cónyuges que no habían llegado a casarse y viudas o divorciadas que, al quedarse sin la protección masculina, preferían recurrir al hombre más cercano dentro de su ámbito familiar y no vivir solas.

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IGUALDAD ANTE LA MUERTE

De la misma manera que las mujeres eran relativamente iguales ante la Ley a los hombres y tenían las mismas capacidades para ser herederas y poder gestionar así sus tierras y posesiones, también podían prepararse para la vida Más Allá de la misma forma.

En principio, los enterramientos no distinguían a ambos sexos, y existieron mujeres que erigieron sus propios monumentos funerarios.

Texto de Sandra Ferrer en "Clio - Revista de Historia", España,  año 17 número 190, agosto 2017. pp. 53-59. Digitalizacion, adaptación y ilustración para publicación en ese sitio por Leopoldo Costa.

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